Aviso Importante

Los hechos y personajes de este blog son ficticios. Cualquier semejanza con la realidad, es pura coincidencia

sábado, 5 de diciembre de 2015

El peso de un momento


1 El Hecho

Eduardo en el pasaje

Eduardo caminaba por el empedrado, la humedad transformaba en un espejo opaco los adoquines del pasaje, sus manos sudaban como en cada nueva situación a la que se enfrentaba. Los pensamientos se le cruzaban como garras lacerantes, corolario de este presente angustiante y sombrío. Siguió su camino a paso lento y decidido.

La Muerte de Cristina

Cristina volvía entusiasmada de su trabajo, todo era esperanza en su cuerpo, las noticias no podían ser mejores, los resultados estaban en su cartera y le parecía que el tiempo no pasaba lo suficientemente rápido para decírselo a su marido. Por ese motivo había decidido tomar el pasaje para llegar más rápido a la parada del ómnibus que la llevaría a su casa.
Tan concentrada en su ensueño estaba que no se percató del movimiento que se produjo detrás suyo.
Eduardo había cruzado rápidamente la calle y en un movimiento veloz y certero con su mano derecha le tomo la cabeza y le acerco la navaja al cuello y mientras daba un fuerte tirón le arrebató la cartera advirtiéndole que no gritara.
En su desesperación, Cristina trató de desprenderse de su agresor cuando sintió en su garganta que algo se deslizaba hacia su interior, la oscuridad la invadió, un sabor metálico se le mezclo en la boca, las luces se fueron apagando y en ese momento dos vidas dejaron de existir.

La huida
Por Dios, fue el pensamiento de Eduardo, le resultó inesperada la reacción de aquella mujer, no se explicaba como la navaja se había enterrado en el cuello de esa joven. Entre sollozos mientras desaparecía en la oscuridad rogó en sus pensamientos que alguien la ayudara y que todo no fuera más que un mal momento.

2 Negocios

Eduardo tocó el timbre con cierto temor, la puerta de madera de roble de dos hoja en ese momento le parecían la entrada al infierno antes que una obra de artesanía de las que ya no se conocen.
Cada segundo parecía interminable, la ansiedad le provocaba una sensación en el estómago parecida a cristales que le desgarraban las entrañas. Súbitamente en el portal apareció la figura delgada y sombría de Tito, el propietario de la casa de empeños del barrio de Floresta, quien también tenía otros negocios mucho más productivos.
Eduardo mostró su botín una tarjeta de débito, una de crédito y el reloj que pudo arrancarle a su víctima. La negociación fue muy corta. Al guardar el dinero obtenido en su bolsillo sintió el líquido pegajoso y el metal de la navaja, no la había cerrado.

3 Camino a la soledad

Ya en su automóvil Eduardo emprendió el viaje al encuentro de su prometida, todo lo que hacía era por ella, para mantenerla satisfecha, pero esta vez la situación se había salido de control, nunca pensó que algo así podía pasar, las imágenes se sucedían unas tras otras, el gemido ahogado, el correr, deshacerse de las pertenencias, el ruego, todo giraba en su mente como un torbellino de sangre.
Mientras intentaba concentrarse en el tránsito, encendió la radio y comenzó a acompañar mentalmente la canción, y repetía en su mente las estrofas...

     Nunca seré tu bestia de carga,
     mi espalda es amplia pero está herida,
     lo único que quiero que hagas, es que me hagas el amor.

     Nunca seré tu bestia de carga,
     he caminado muchas millas y mis pies están heridos,
     lo único que quiero que hagas, es que me hagas el amor.

     No soy lo suficientemente duro?
     No soy lo suficientemente violento?
     No soy lo suficientemente rico?
     No estoy tan ciego como para no ver.

     Nunca seré tu bestia de carga,
     así que vamos a casa y cerremos las cortinas,
     pongamos música en la radio…
     y vamos nena… hazme el amor dulcemente.

     No soy lo suficientemente duro?
     No soy lo suficientemente violento?
     No soy lo suficientemente rico?
     No estoy tan ciego como para no ver.

     Oh querida,
     hermosa, hermosa, hermosa, hermosa niña,
     sos una hermosa, hermosa, hermosa, hermosa niña,
     vamos nena por favor, por favor, por favor.

     Te voy a decir algo,
     podés echarme y dejarme
     descalzo de patitas en la calle…
     pero sácame, sácame de esta miseria.

     Sí… toda tu enfermedad…
     la puedo absorber,
     podés tirámela toda a mí…
     que me la puedo sacar de encima.

     Pero hay una cosa nena
     que no logro comprender…
     continúas diciéndome y diciéndome
     que no soy tu tipo de hombre.

     No soy lo suficientemente violento? oh, nena,
     No soy lo suficientemente resistente?
     No soy los suficientemente rico?... en amor?
     oh, por favor!

     Nunca seré tu bestia de carga,
     nunca seré tu bestia de carga,
     nunca, nunca seré.

     Nunca seré tu bestia de carga,
     he caminado muchas millas y mis pies están heridos,
     lo único que quiero que hagas, es que me hagas el amor.

     No necesito una bestia de carga,
     no necesito caprichitos,
     no necesito que me cuiden,
     nunca, nunca seré.



Súbitamente cambió de dirección y nunca supo si su pedido había sido escuchado, solo sabía que el futuro no sería soleado.


Les dejo una versión de esta canción con los Rolling Stones y Katy Perry



4 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias

RECOMENZAR dijo...

Gracias por pasar
Me ha encantado tu bello rincón donde despliegas el arte de ser vos.... maravilloso

TORO SALVAJE dijo...

Qué fuerte....
Que frágiles son todas las vidas y más cuando a otros no les importa quitarla.

Saludos.

RosaMaría dijo...

Breve y dranñatico, más por lo que da que pensar después del hecho... Triste y doloroso pero muy bien expresado.Abrazo